A menudo se afirma equivocadamente que la creación de un nuevo Municipio acarrearía más estructura burocrática y que sólo seria necesaria “en casos de Municipios grandes” (como si Lanús o Avellaneda no lo fueran), citándose el ejemplo de la creación de nuevos Municipios sólo para el Partido de La Matanza.
A estas argumentaciones carentes de un mínimo estudio efectivo cabría analizarlas desde dos puntos de vista. El primero de ellos desde la realidad en la que se encuentra Gerli, dentro del entramado descomunal y colapsado que es el Conurbano Bonaerense, y el segundo que analiza la necesaria autonomía de los pueblos como mejor forma de que halla más participación, menos estructura administrativa y ausencia de concentración de los poderes públicos.
En primer medida, es de mencionar que el Conurbano Bonaerense junto a la Capital Federal (la denominada Area Metropolitana Buenos Aires –AMBA-) representa un excesivo complejo que acapara en solo 19 distritos administrativos casi la mitad de la población de la Argentina. En pleno corazón del mismo, limitando con la Ciudad de Buenos Aires, nuestro Gerli no escapa a esta realidad de políticas descoordinadas, falta de los más esenciales recursos vecinales de participación (hacemos referencia a cuestiones generales como el control vecinal efectivo, mayor inmediatez entre vecinos y funcionarios, elección de autoridad y revocación de mandatos, etc.), contaminación ambiental y problemas sociales de lo más diversos (desde seguridad o desempleo hasta salud publica y educación). Con 14 millones de personas y solo 134 Municipios, en su mayoría rurales, la Provincia de Buenos Aires necesita indefectiblemente plantear nuevas y modernas estructuras administrativas que vinculen ciudadanía con gobernanza, políticas publicas con sus destinatarios inmediatos: los vecinos. Los ejemplos que siempre se ponen son claros: la Provincia de Córdoba, con 8 millones de personas, posee 428 Municipios, más del triple que Buenos Aires, y Santa Fe, 325 Municipios, con mucha menos población todavía (ni hablar de países como España o Francia, que en territorio similar poseen cerca de 20.000 Municipios). Por lo que simplemente cabe interrogarse dos básicas inquietudes que los funcionarios deben responder y nunca lo hacen: sí allí son viables, ¿por qué aquí, donde los gerlianos mantenemos con nuestros impuestos a otras zonas de Avellaneda y Lanús, no?. ¿Por qué básicamente las contribuciones que los gerlianos hacemos con nuestro esfuerzo no vuelven en obras y servicios en forma proporcional a esos aportes, o por el contrario, en peor condición, recibamos muchísimo menos?. Mientras se hacen oídos sordos a estas y otras necesidades de los vecinos de la Provincia de Buenos Aires, la Capital Federal entendió perfectamente lo dicho y ha empezado a descentralizar sus estructuras con la nueva Ley de Comunas.
En segundo orden, en lo que respecta a la autonomía política de los pueblos (como claramente lo es el gerliano, con identidad común y diferenciada respecto a los Municipios donde se asienta), es de recordar que el modelo de Estado que la Argentina y la Provincia de Buenos Aires tiene, nacido al vaivén de los avatares políticos e históricos, esta edificado de arriba hacia abajo y no al revés, por lo que la autonomía municipal recogida en el articulo 123 de nuestra Constitución resulta formal, no coincidiendo con el modelo descentralizado que imaginaron nuestros constituyentes. Por el contrario, y en contraste con el modelo estatal hiper-centralizado que se observa muy especialmente en la Provincia que habitamos (Lanus claro ejemplo de ello también), el paradigma que proponemos desde hace tiempo trasciende la pequeñez de esta visión particularista y significa una amalgama de asociaciones políticas basadas en el consentimiento de los vecinos, que se construye desde abajo hacia arriba y en la que el poder se dispersa tanto territorial como funcionalmente (hablamos del concepto de consentimiento en sentido político, por que son en todo caso los centros de Avellaneda y de Lanús quienes deben dar respuesta a la insatisfacción de los gerlianos, precisamente los disconformes con su relación de pacto con ellos, y no al revés). Esta discusión, desde ya, no es nada nueva, aunque algunas mentes perspicaces quieran dilucidarnos los supuestos desventajas de la creación de un nuevo Municipio, las cuales no se entienden sí no se observan los antiguos intereses que vienen detrás de las mismas. Desde que el francés Jean Bodin realizara su famosa Teoría del Estado, complementada por las visiones del ese entonces nuevo estado soberano, univoco, absoluto y liberal de Locke y Hobbes, se generaron fuerzas de resistencia al nuevo poder centralizado. Así se fue inaugurando el en terreno teórico-práctico la antiquísima tensión entre las fuerzas centrífugas y centrípetas, entre la centralización y la dispersión del poder. Aspectos ellos que, tanto desde la teoría liberal del federalismo norteamericano de Hamilton pasando por la doctrina social de la iglesia católica hasta los defensores del socialismo o del anarquismo como Proudhon, fueron atacados con evidente éxito, poniendo el énfasis no sólo en la naturaleza del pacto o consentimiento del que hablábamos (el respecto al esencial deseo de los ciudadanos que viven en una comunidad determinada, por mas pequeña que esta sea), sino también en la necesidad de dispersar el poder en distintos grados, tanto funcional como territorialmente. Se comprobó con el tiempo que los derechos de auto-afirmación, auto-definición, auto-organización y auto-gestión son inherentes a cualquier comunidad humana y no pueden ser negados.
Hablando en este mismo sentido, pero desde el punto de vista federal, conviene recordar a uno de los principales teóricos del federalismo (Alexandre Marc), cuando afirmaba que “El poder es una tentación y una amenaza, que no se detiene hasta que se le encauza y organiza. Se lo organiza descomponiéndolo, cada vez mas, en poderes en plural, articulados en todos los niveles y todas las direcciones. Se le encauza oponiéndole cada vez mas autonomías, allí donde es posible, o puede serlo después”. Como toda autonomía arrincona un poder que la encarna, la defiende y la promueve, volvemos al conocido aforismo de que “sólo el poder detiene al poder”. Recordemos aquella construcción de Hipólito Yrigoyen, quien ensañaba que en el desprecio al poder, esta todo el poder. En otros términos: para resistir a los poderes ineficientes que hoy tenemos, la misma libertad debe poder disponer de ellos en formulas de gestión eficiente y control vecinal, las cuales solo pueden ser aplicadas sobre administraciones más chicas y estructuras gubernamentales pequeñas y eficaces.
Así es que la única y por el momento verdadera descentralización del Conurbano Bonaerense se producirá mediante la creación de nuevos Municipios, esencialmente mediante la participación del vecino y el involucramiento del mismo en sus intereses legítimos. A contrario sensu, la agrupación o fusión de dos o más Municipios en estructuras mayores no brinda respuestas a los problemas existentes, porque precisamente su estructura inferior y “supuestamente” más preparada – el Municipio tal como esta hoy – y su ejemplo superior – la Provincia - no las brinda, por lo cual la evidencia corrobora el camino inverso que acabamos de desarrollar: la descentralización de abajo hacia arriba. El vecino, según el criterio que sostenemos, no es sólo un ciudadano, un votante, es también miembro de una familia, de un sindicato, de una organización profesional, cultural, deportiva o religiosa. No puede ser reducido a una sola dimensión, por lo que a él mismo y a su grupos deben posibilitarse participar de la gestión de su gobierno (donde se toman efectivamente las decisiones que le afectan), por lo cual, en ese sentido, el proceso de autonomía de Gerli no quiere encarnar únicamente un estado municipal donde sólo voten los ciudadanos, sino que representa una ampliación de la democracia, conteniendo una verdadera descentralización administrativa, un efectivo control del vecino y una participación mas allá del voto (propuestas como el presupuesto participativo, la elección de delegados municipales, revocaciones de mandato, etc., van en este sentido). Habría que preguntarles a aquellos que hablan sólo de excusas de extensión sin saber muy bien a que se refieren con ello, cual es la razón por la que se oponen a la ampliación de la democracia y a libre determinación de los vecinos.
La inminente creación de nuevos Municipios en la Provincia de Buenos Aires emerge así como un orden político que persigue acomodar el mayor numero posible de comunidades y sociedades, primeras e intermedias, sin destruirlas, en un orden vivo, plural y democrático que se construye a sí mismo desde la base hacia arriba, edificando sus grados de autoridad y de toma de decisiones de acuerdo con la realidad efectiva de la situación en la que se encuentran pueblos como el nuestro.